Uruguay: El país donde la Navidad es Día de la Familia
Anna Bamburova
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En un país donde la Navidad se conoce oficialmente como el Día de la Familia y la Semana Santa como la Semana del Turismo, la religión hace tiempo que dejó de ser un asunto público y se ha vuelto algo estrictamente personal. Uruguay es el único país del hemisferio occidental donde la proporción de ciudadanos no religiosos supera consistentemente el 47%, y el catolicismo, que ha dominado aquí durante tres siglos, se conserva principalmente como una tradición cultural.
No es el resultado de una crisis repentina de fe, sino la consecuencia del proceso de laicización más temprano y coherente de la región (laicismo → organización laica del Estado), un proceso que concluyó hace más de cien años y que aún no tiene parangón por su profundidad y carácter pacífico.
Transición hacia una organización laica de la sociedad
La transición de Uruguay hacia una organización laica de la sociedad comenzó antes que en la mayoría de los países de América Latina y transcurrió casi sin conflictos.
1861: secularización de los cementerios. 1877: matrimonio civil obligatorio. 1885: introducción de la educación laica. 1907: divorcio por iniciativa de la mujer. 1909: eliminación de la simbología religiosa de las instituciones estatales. 1911–1915: segundo mandato presidencial de José Batlle y Ordóñez, ideólogo de las reformas progresistas de comienzos del siglo XX, quien consideraba la religión un asunto privado del ciudadano. 1918: la Constitución consagra definitivamente la separación completa entre la Iglesia y el Estado (artículo 5): «El Estado no apoya ninguna religión». 1919: cambio de nombre de todas las festividades religiosas del calendario.
Desde entonces, en los documentos oficiales y los libros de texto escolares de Uruguay no aparecen ni Navidad ni Semana Santa. Figuran el Día de la Familia (25 de diciembre), el Día de los Niños (6 de enero) y la Semana de Turismo o Semana Criolla (Semana Santa).
## Mapa religioso contemporáneo (datos de 2023–2025)
Latinobarómetro 2023 (publicado en marzo de 2024): – 47,2 %: no pertenecen a ninguna religión; – 1,2 %: ateos; – 0,3 %: agnósticos; – 36,5 %: católicos (la cifra más baja de América Latina); – 10–11 %: protestantes evangélicos; – menos del 3 %: umbanda, judaísmo y otros cultos.
En veinte años (2000–2023), la proporción de personas no religiosas aumentó del 23 % al 49 %: el crecimiento más rápido de la región. Pew Research Center (junio de 2025) confirma que Uruguay es el único país de América Latina donde la proporción de personas que consideran la religión «muy importante» disminuyó 16 puntos porcentuales en la última década. World Values Survey sitúa a Uruguay en el clúster de valores «secular-racionales», a la par de los Países Bajos, Suecia y Japón.
Lo que dicen los propios uruguayos
Entre los uruguayos, el tema de la religión surge regularmente y el tono es casi siempre el mismo:
«Ser católico practicante en Uruguay es normal, pero te preguntan: “¿Para qué?”. La mayoría de mis amigos bautiza a sus hijos y se casa por iglesia “por estética”, pero después no vuelve nunca».
«Ser evangélico es más difícil. La gente te respeta, pero lo considera un poco raro. Es como ser vegano en un asado».
«Lo más agradable es la libertad total. Nadie te pregunta por qué no vas a misa y nadie te juzga si vas todos los días. Aquí la religión es realmente un asunto privado».
La comunidad católica, según sus integrantes, es pequeña, pero muy unida y activa en el trabajo social (Cáritas Uruguay, escuelas católicas); sin embargo, prácticamente no tiene influencia política.
## El papel de la Iglesia en la sociedad actual
La Iglesia Católica del Uruguay mantiene su influencia solo en tres áreas:
- Educación privada (alrededor del 15 % de los escolares estudia en colegios católicos, algunos de los mejores del país).
- Caridad y asistencia social.
- Patrimonio cultural.
El cardenal Daniel Sturla, arzobispo de Montevideo, ha señalado repetidamente que la Iglesia uruguaya adoptó hace mucho el modelo de «una minoría que propone, no impone». Por eso, las reformas progresistas —legalización de la marihuana en 2013, matrimonio igualitario en 2013 y aborto en 2012— se aprobaron casi sin oposición del episcopado, a diferencia de lo ocurrido en Argentina, Chile o Paraguay.
## Los templos principales que todavía vale la pena ver
A pesar de la secularidad de la sociedad, el patrimonio arquitectónico es impresionante.
La Catedral Basílica Metropolitana de la Inmaculada Concepción (Montevideo, 1790–1804) es el principal templo católico del país, de estilo neoclásico y lugar de coronación de los primeros obispos.
La Iglesia de las Carmelitas (barrio Prado, Montevideo, 1929–1954) es uno de los templos neogóticos más bellos de América del Sur, construido en granito y casi siempre vacío.
El Santuario Nacional Virgen de los Treinta y Tres (Florida) es el único lugar de peregrinación masiva. Cada año, del 8 al 10 de noviembre, llegan hasta 70.000–80.000 personas: es la única ocasión en que Uruguay parece «religioso».
La Catedral de San José (San José de Mayo) es una basílica menor de estilo neoclásico del siglo XIX.
La Iglesia Matriz del Santísimo Sacramento (Colonia del Sacramento) es el templo más antiguo del país (1680, reconstruido en 1810), declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Conclusión
Uruguay demostró que una secularización profunda puede darse de manera pacífica, sin excesos anticlericales ni pérdida de referentes morales. Aquí la religión no murió: simplemente se convirtió en una elección, no en una obligación. Y, a juzgar por los índices de felicidad, calidad de vida y confianza social, en los que Uruguay se mantiene constantemente entre los tres primeros de América Latina, esta elección resultó ser una de las más exitosas de la historia de la región. Un país donde Dios no se fue: simplemente dejó de ser obligatorio. Y parece que a todos les va mejor.
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