Respuesta directa
El costo de vida entre países no puede compararse únicamente por los precios. Es necesario considerar los ingresos, la calidad de la atención médica, la seguridad, el clima, la infraestructura, la disponibilidad de servicios y el estilo de vida personal.
El mismo precio puede representar valores distintos. Un país barato puede exigir más concesiones en la vida cotidiana, y uno caro puede ofrecer estabilidad, servicios o seguridad que, para una familia, pueden ser más importantes que la diferencia en la cuenta del supermercado.
Una forma práctica de comparar consiste en armar una canasta propia de gastos: vivienda, alimentación, transporte, comunicaciones, atención médica, escuela, compras del hogar y reserva. Luego hay que contrastarla no con la «carestía» abstracta, sino con los ingresos reales y el nivel de vida que la familia desea mantener después de la mudanza.